sábado, 13 de diciembre de 2014

Introducción al Eneagrama (1)

Una constante en la historia del ser humano ha sido la de poder establecer qué influye más en la personalidad del individuo. Desde antiguo se intenta dirimir si el peso de la influencia del ambiente es superior o inferior al de los factores biológicos que predisponen al individuo hacia un temperamento u otro. Dependiendo de las corrientes filosóficas, sicológicas, e incluso, religiosas, que hayan predominado en cada momento, el peso se ha podido inclinar en uno u otro sentido, sin poder establecer conclusiones definitivas.

En la actualidad, las corrientes ambientalistas y las corrientes innatistas siguen sin encontrar puntos de acuerdo. Filósofos, científicos y religiosos, siguen sin ponerse de acuerdo. Los filósofos acuden al campo de la razón, los científicos a sus experimentaciones, y los religiosos parten de sus dogmas de fe. No se ponen de acuerdo ni entre los mismos filósofos, dependiendo de la corriente en la que se encuentren; ni entre los científicos, dependiendo del tipo de experimentos y sus variables, dependientes e independientes; ni entre los diferentes credos, cada uno con sus dogmas particulares.

Por tanto, poco se puede afirmar con rotundidad con respecto al temperamento y al carácter. Se puede inferir que el temperamento, o materia prima de la personalidad, lo innato, cuenta lo suficiente como para diferenciar al individuo. De otra parte, también se puede indicar que el carácter, lo adquirido, lo socializado, también cuenta lo suficiente como para diferenciar al individuo.

Temperamento y carácter, como fundamentos de la personalidad, son conceptos difíciles de cuantificar. No obstante se puede afirmar que tanto la influencia de lo innato como el peso de lo aprendido o socializado, tienen ambos un peso enorme.

A toda esta batalla entre filosofía, ciencia y religión, se suman los partidarios de cada uno de estos campos aportando innumerables y complejos términos (jerga), que complica todavía mucho más la tarea de efectuar estudios rigurosos. A muchos filósofos, técnicos o religiosos, les gusta añadir nuevo vocabulario, en ocasiones, llegando a utilizar las mismas palabras para definir conceptos diferentes.

Yo creo que venimos como diseños que pueden completar sus potencialidades en la medida en que el medio permite el desarrollo de las mismas, desde la primera fase del embrión, desde el día uno de la gestación, desde el minuto uno. Por tanto, un aborto es la extinción de una potencialidad.

Como punto de partida para el estudio del Eneagrama, tomaremos en consideración que hay dos fuerzas, la biológica y la socioambiental, que inciden en el desarrollo de la personalidad; tomaremos en cuenta que existen instintos innatos y demandas sociales.

Al temperamento le atribuiremos la materia prima, lo biológico, lo innato; al carácter, por su parte, lo social, lo ambiental, lo aprendido.

A partir de aquí, nos centraremos en la importancia de lo innato, como matriz o fundamento “invariable” a lo largo de la vida. Nos centraremos en el temperamento, como base inmodificable a la que se le podrá moldear la parte más externa o a la que se le podrán añadir capas, que nunca lograrán modificar dicha base innata o biológica.

La base de esta teoría a la que llamamos Eneagrama se establece sobre dos aspectos fundamentales; el adaptativo y el expresivo; cómo se adapta la persona al medio y cómo se expresa la persona en el medio.

Desde el aspecto adaptativo, tendremos en cuenta que encontramos tres tipos fundamentales de modos de adaptarse o modos a través de los cuales la persona se relaciona con el medio; a través de la inteligencia racional, a través de la inteligencia emocional, y a través de la inteligencia intuitiva. Hay que tener en cuenta que todas las personas tienen las tres inteligencias, aunque una de ellas es la predominante en cada individuo, con la que se conecta al ambiente de modo más natural y/o prioritario.

Desde el otro aspecto, el expresivo, tendremos en cuenta que encontramos tres tipos de expresión diferenciados, la expresión dominante, la expresión compulsiva, y la expresión poco fluida.

Lo racional, lo emocional y lo intuitivo, se corresponden con lo que se conoce como triadas mentales, afectivas y viscerales.

Lo racional, también se puede denominar mental, cognitivo o pensamiento, representado físicamente por la cabeza, más concretamente por el córtex prefrontal cerebral o cerebro mental.

Lo emocional, también se puede denominar afectivo o sentimental, representado físicamente por el corazón, más concretamente por el sistema límbico o cerebro emocional.

Lo visceral, también se puede denominar sensitivo o intuitivo, representado físicamente por las vísceras, más concretamente por el cerebro reptiliano.

Si lo racional, lo emocional y lo visceral, lo comparamos con las funciones del cerebro, podemos observar que la parte racional o córtex prefrontal, está relacionada con el razonamiento; la parte emocional o sistema límbico, está relacionada con las emociones; y la parte visceral o cerebro reptiliano, como base de la columna vertebral, está relacionada con el instinto de supervivencia.

Resumiendo:
·       Tres cerebros; córtex, límbico y reptiliano.
·       Tres modos de expresión; dominante, compulsiva y poco fluida.

Con esto, acabo esta primera entrega de la introducción al Eneagrama. Si tenéis interés en las lecturas personales o en los cursos para grupos reducidos o más amplios, el correo electrónico y el número de teléfono aparecen en la cabecera de esta blog.

En la próxima entrega explicaré la relación que existe entre los tres cerebros y los tres modos de expresión, lo que nos lleva a los nueve tipos básicos del Eneagrama.

Un abrazo desde La Rioja.

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