Una constante en la historia del ser humano ha sido la de
poder establecer qué influye más en la personalidad del individuo. Desde
antiguo se intenta dirimir si el peso de la influencia del ambiente es superior
o inferior al de los factores biológicos que predisponen al individuo hacia un
temperamento u otro. Dependiendo de las corrientes filosóficas, sicológicas, e
incluso, religiosas, que hayan predominado en cada momento, el peso se ha
podido inclinar en uno u otro sentido, sin poder establecer conclusiones
definitivas.
En la actualidad, las corrientes ambientalistas y las corrientes
innatistas siguen sin encontrar puntos de acuerdo. Filósofos,
científicos y religiosos, siguen sin ponerse de acuerdo. Los filósofos acuden
al campo de la razón, los científicos a sus experimentaciones, y los religiosos
parten de sus dogmas de fe. No se ponen de acuerdo ni entre los mismos filósofos, dependiendo de la
corriente en la que se encuentren; ni entre los científicos, dependiendo del
tipo de experimentos y sus variables, dependientes e independientes; ni entre
los diferentes credos, cada uno con sus dogmas particulares.
Por tanto, poco se puede afirmar con rotundidad con respecto
al temperamento y al carácter. Se puede inferir que el temperamento, o materia
prima de la personalidad, lo innato, cuenta lo suficiente como para diferenciar
al individuo. De otra parte, también se puede indicar que el carácter, lo
adquirido, lo socializado, también cuenta lo suficiente como para diferenciar
al individuo.
Temperamento y carácter, como fundamentos de la personalidad,
son conceptos difíciles de cuantificar. No obstante se puede afirmar que
tanto la influencia de lo innato como el peso de lo aprendido o socializado,
tienen ambos un peso enorme.
A toda esta batalla entre filosofía, ciencia y religión, se
suman los partidarios de cada uno de estos campos aportando innumerables y
complejos términos (jerga), que complica todavía mucho más la tarea de efectuar
estudios rigurosos. A muchos filósofos, técnicos o religiosos, les gusta añadir
nuevo vocabulario, en ocasiones, llegando a utilizar las mismas palabras para
definir conceptos diferentes.
Yo creo que venimos como diseños que pueden completar sus
potencialidades en la medida en que el medio permite el desarrollo de las
mismas, desde la primera fase del embrión, desde el día uno de la gestación,
desde el minuto uno. Por tanto, un aborto es la extinción de una potencialidad.
Como punto de partida para el estudio del Eneagrama,
tomaremos en consideración que hay dos fuerzas, la biológica y la
socioambiental, que inciden en el desarrollo de la personalidad; tomaremos en cuenta
que existen instintos innatos y demandas sociales.
Al temperamento le atribuiremos la materia prima, lo
biológico, lo innato; al carácter, por su parte, lo social, lo ambiental, lo
aprendido.
A partir de aquí, nos centraremos en la importancia de lo
innato, como matriz o fundamento “invariable” a lo largo de la vida. Nos
centraremos en el temperamento, como base inmodificable a la que se le podrá
moldear la parte más externa o a la que se le podrán añadir capas, que nunca
lograrán modificar dicha base innata o biológica.
La base de esta teoría a la que llamamos Eneagrama se establece sobre dos
aspectos fundamentales; el adaptativo y el expresivo; cómo se adapta la persona al medio y cómo se expresa la persona en el medio.
Desde el aspecto adaptativo, tendremos en cuenta que
encontramos tres tipos fundamentales de modos de adaptarse o modos a través de los cuales la persona se relaciona con el medio; a través de la
inteligencia racional, a través de
la inteligencia emocional, y a través
de la inteligencia intuitiva. Hay
que tener en cuenta que todas las personas tienen las tres inteligencias,
aunque una de ellas es la predominante en cada individuo, con la que se conecta
al ambiente de modo más natural y/o prioritario.
Desde el otro aspecto, el expresivo, tendremos en cuenta que
encontramos tres tipos de expresión diferenciados, la expresión dominante, la expresión compulsiva, y la expresión poco fluida.
Lo racional, lo emocional y lo intuitivo, se corresponden
con lo que se conoce como triadas mentales, afectivas y viscerales.
Lo racional,
también se puede denominar mental, cognitivo o pensamiento, representado
físicamente por la cabeza, más concretamente por el córtex prefrontal cerebral
o cerebro mental.
Lo emocional, también
se puede denominar afectivo o sentimental, representado físicamente por el
corazón, más concretamente por el sistema límbico o cerebro emocional.
Lo visceral,
también se puede denominar sensitivo o intuitivo, representado físicamente por
las vísceras, más concretamente por el cerebro reptiliano.
Si lo racional, lo emocional y lo visceral, lo comparamos
con las funciones del cerebro, podemos observar que la parte racional o córtex
prefrontal, está relacionada con el razonamiento;
la parte emocional o sistema límbico, está relacionada con las emociones; y la parte visceral o cerebro
reptiliano, como base de la columna vertebral, está relacionada con el instinto
de supervivencia.
Resumiendo:
·
Tres cerebros; córtex, límbico y reptiliano.
·
Tres modos de expresión; dominante,
compulsiva y poco fluida.
Con esto, acabo esta primera entrega de la introducción al
Eneagrama. Si tenéis interés en las
lecturas personales o en los cursos para grupos reducidos o más amplios, el
correo electrónico y el número de teléfono aparecen en la cabecera de esta
blog.
En la próxima entrega explicaré la relación que existe entre los
tres cerebros y los tres modos de expresión, lo que nos lleva a los nueve tipos
básicos del Eneagrama.
Un abrazo desde La Rioja.
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